No siempre terminan las guerras, cuando la guerra termina. Tampoco las dictaduras. Son muchas las heridas que dejan, tantas, que ni el tiempo, ese que todo lo cura, puede con ellas.
Carmen, argentina exiliada en Madrid, regresa a Buenos Aires. Su padre ha caido gravemente enfermo y la familia la reclama para, entre otras cosas, poner en orden los papeles de la herenecia.
Las influencias de su padre consiguieron, durante la dictadura, salvarla de una muerte segura, no sin antes pasar meses de vejaciones, palizas y torturas. Carmen, a lo largo de 20 años de exilio ha hecho visitas puntuales a su familia, demasiados fantasmas del pasado obligan a que permanecezca lo estrictamente necesario con los suyos y cerca de aquellos horribles recuerdos y lo estrictamente alejada de todo eso.

Durante 20 años, y ayudada por la distancia ha rehecho su vida profesionalmente, parece segura, fria, decidida... sin embargo aquella barbarie ha dejado una huella imposible de borrar en su vida privada.
Antes o depués tenía que pasar: chocar de frente con su pasado. Este enfrentamiento a su regreso a Buenos Aires será definitivo en muchos aspectos.

Ahora, de alguna manera, se sentirá liberada de todo aquello. (ficha).
Cinemania, España, 01/11/01
VIDAS PRIVADAS: Arriesgado e interesante debut de Fito Páez
Por Maria Casanova
El coste vital de las víctimas de las dictaduras, masacres, de cualquier barbarie, es permanente, aunque sus instigadores e ideologías se hayan extinguido. Los supervivientes se apoyan en los más diversos mecanismos de defensa para seguir adelante. Pero siempre, escondido en lo más recóndito de su mente, habrá un resorte que puede saltar inesperadamente sin que, desde fuera, se advierta una señal. Sobre estos desgarros trata la película de Fito Páez.
Una mujer sufrió secuestro y tortura en los años de la represión argentina y huyó de su país, regresa 20 años después, obligada por la enfermedad de su padre. Naturalmente tiene que enfrentarse con los fantasmas de su pasado, pero también a una cruel carambola del destino.
La presencia de esta mujer, gélida y herida, el clima de opresión que impregna toda la historia, la actitud de esforzado engaño y olvido de su familia argentina y la reaparición, en ella, del interés e ilusión por la vida están muy bien construidos. Páez es un muy buen narrador cinematográfico, elegante y sobrio. Y el tono deliberadamente frío de la historia, impuesto por la situación de su absoluta protagonista, es una opción comprensible. Pero Páez, quizá por un exceso de pudor o tal vez por querer mantener la distancia con la historia reciente, administra la pasión con cuentagotas y pasa tan de puntillas por los dos momentos más importantes en el desenlace de la trama, que casi se pierden. Es una carencia notable en una historia que interesa desde el primer fotograma, cuyo desarrollo mantiene cierta intriga y que cuenta con unos actores entregados. Pero es una película que hay que ver. Un antídoto contra el olvido.